La actividad cognitiva y física

Actividad física

La importancia de la actividad física en la salud física es bien conocida, pero, hasta hace poco, no se había prestado atención al papel de la actividad física en la salud cerebral y cognitiva. Dos estudios sugieren que una mayor participación en la actividad física en la vida adulta se asocia a una disminución del riesgo de sufrir demencia y EA. Otro estudio de las etapas medias de la vida no corroboró dicha relación; sin embargo, la discrepancia puede deberse a que la medición de la actividad física se baso tanto en la actividad durante el tiempo libre como durante el trabajo. Se han realizado varios ensayos aleatorizado para confirmar los resultados observacionales del efecto que la actividad física tiene sobre la función cognitiva, observan una disminución modesta del declive cognitivo y mejoría en los tiempos de respuesta en el grupo de pacientes que participaron en el programa de actividad física. La actividad física puede beneficiar a la salud cognitiva mediante los beneficios observados en el sistema cardiovascular, que se extienden al sistema cerebrovascular, o mediante el incremento de la neurogénesis, la mejora de la citoarquitectura cerebral (vasos sanguíneos, dendritas, microglia), la plasticidad neuronal y de las propiedades electrofisiológicas, el aumento de los factores de crecimiento cerebrales y una disminución de la formación de las placas amiloides en la EA. Se requieren más estudios para poder ofrecer recomendaciones específicas en relación con el tipo, la intensidad, la frecuencia y la duración de la actividad física en la edad media que pueden reducir de manera eficaz el riesgo de sufrir demencia.

El sedentarismo se asocia con menor rendimiento cognitivo incluso en la edad media de la vida (entre 35–55 años). En personas de edad avanzada, se ha descrito que la actividad física moderada (caminar) reduce el deterioro cognitivo asociado a la edad, especialmente en mujeres y portadores del alelo E4.

Peso

Los resultados de los distintos estudios sobre esta variable son tan contradictorios que hacen difícil alcanzar conclusión alguna. Curiosamente, y en aparente contradicción a lo expuesto a los dos puntos precedentes, algunos estudios indican que presentar un bajo índice de masa corporal se asocia con un declinar cognitivo más rápido en pacientes con DCL. Sin embargo, al contrario, otros estudios indican que el sobrepeso aumenta el riesgo de desarrollar demencia, especialmente en mujeres, hallazgo que de nuevo no se ve refrendado por otros estudio. Finalmente algunos estudios concluyen que tanto el sobrepeso como el bajo peso, contribuyen a aumentar el riesgo de desarrollar demencia. Cabría interpretar, por exclusión, que el “normopeso”, entendido como un índice de masa corporal normal, podría considerarse un factor protector para el desarrollo de demencia.
Estimulación cognitiva

Hay gran interés en saber si la actividad “mentalmente estimulante” beneficia a la salud cerebral y cognitiva, de forma análoga a los beneficios bien establecidos de la actividad física sobre la salud física. Aunque son cientos los estudios de uno u otro tipo realizados para evaluar los efectos de la estimulación cognitiva sobre el rendimiento psicométrico, pocos están controlados con placebo y la mayoría miden los efectos a corto plazo. Hasta la fecha, solo dos estudios han examinado prospectivamente el papel de las actividades cognitivas en edades medias sobre el riesgo de sufrir demencia a edades más avanzadas. Ambos estudios incluyen un análisis doble para controlar la genética y el entorno no controlado de las primeras etapas de la vida. Los resultados de cada uno de estos estudios sugieren que una mayor participación en actividades cognitivamente estimulantes se asocia a una disminución del riesgo de sufrir demencia y de padecer EA en las mujeres. Esta conclusión se basa generalmente en los estudios prospectivos de la actividad cognitiva en la vejez, pero los datos procedentes de los ensayos controlados aleatorizados con estimulación cognitiva son muy variados. Aquellos con resultados más favorables muestran que la participación, por parte de personas de edad avanzada, en actividades de estimulación cognitiva regulares disminuye significativamente el riesgo de desarrollar EA. Igualmente haber recibido en la juventud una educación formal reduce el riesgo de demencia.

Participar en actividades mentalmente estimulantes puede considerarse como la estrategia más directa para aumentar la reserva cerebral mediante la inducción de neurogénesis y sinaptogénesis, el aumento de la reactividad sináptica del hipocampo, la mejora de la vasculatura cerebral, la disminución del depósito de Aβ en el cerebro, la reorganización de redes neurocognitivas, la atenuación de las reacciones adversas de las hormonas del estrés en el cerebro y la modificación de la asociación entre la densidad de las lesiones de la sustancia blanca, que refleja microangiopatía y el rendimiento cognitivo. Aunque los resultados actuales son prometedores, no hay datos suficientes para una recomendación específica sobre qué actividades cognitivas particulares, además de su frecuencia, su dosificación y su duración, pueden ofrecer protección contra la demencia.